Como conclusión, en nuestro debate sobre la regulación de las terapias naturales en Colombia, es evidente que existen dos perspectivas que se complementan, pero se contradicen a la vez. Por una parte, es evidente que se requiere que las normas sean claras y precisas para garantizar la seguridad y también la calidad de los tratamientos, para así proteger a los pacientes y asegurarse de que los terapeutas estén lo suficientemente capacitados. A favor de la regulación, está la necesidad de proteger a la población de prácticas que sean inadecuadas o que representen un fraude para los pacientes, como se ve en Alemania o en Suiza, donde las terapias alternativas están integradas en los sistemas de salud, con protocolos claros y sobre todo un marco legal que respeta las practicas convencionales o más científicas, pero también las prácticas culturales.
Por otro lado, encontramos que en Colombia hay muchos vacíos
en la norma, también una falta de protocolos claros y además existe mucha ambigüedad
sobre cómo se debe integrar realmente una terapia alternativa al sistema de
salud, lo que deja a muchos terapeutas en un “limbo” legal. Aunque existen
leyes como la 1164 de 2007 y la resolución 2927 de 1998, que permiten ejercer medicina
alternativa en ciertas condiciones, estas normas no están actualizadas o no
cuentan con el contexto necesario para que estas terapias sean realmente
acogidas en el sistema médico de manera adecuada.
También, en cuanto a la perspectiva internacional, es cierto
que la OMS y otras organizaciones han intentado impulsar la regulación y la promoción
de estas terapias, sin embargo esta implementación es muy desigual, sobre todo
en países como américa latina, donde no hay realmente una fiscalización de las
normas, pues hay muchos vacíos que permiten practicar estas terapias sin la
seguridad o el respaldo científico que requieren.
Finalmente creemos que es importante contar con una regulación
más ética y contextualizada para tener un sistema mas inclusivo que no solo
respete las tradiciones culturales y el conocimiento ancestral, sino que también
priorice la seguridad y la eficacia clínica que la terapia le ofrece al
paciente. Para todo esto es necesario una regulación estructurada que permita
mas acceso a estas terapias sin comprometer la salud pública, pero asegurando
que la salud sea más diversa y equilibrada y sobre todo que permita que los
pacientes tengan la posibilidad de elegir que tipo de tratamiento desean.
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